El Rastreador Brasileño, también conocido como perro de rastreo brasileño, perro de caza brasileño, urrador y urrador americano, es una raza originaria de Brasil incluida en el grupo 6, dedicado a los perros tipo sabueso, perros de rastro y razas semejantes. Se trata de un sabueso de tamaño grande, reconocido definitivamente en 1967, cuya historia quedó marcada por una desaparición total de sus ejemplares y por los posteriores intentos de reconstrucción de la raza.

Origen

Esta raza procede de Brasil y figura como perro tipo sabueso de tamaño grande. Su reconocimiento definitivo se produjo el 1 de septiembre de 1967. También ha sido mencionada con las denominaciones perro de rastreo brasileño, perro de caza brasileño, urrador y urrador americano.

Características generales

Se encuadra dentro de los perros de caza o perros tipo sabueso de gran tamaño. Su ladrido característico dio lugar a una de sus denominaciones tradicionales. En el estándar de 1970 se indicaba una altura comprendida entre 62 y 67 centímetros y se señalaba que presentaba rasgos muy parecidos a los del perro alemán.

Historia de la raza

La trayectoria del Rastreador Brasileño sufrió una interrupción drástica cuando una plaga causada por una sobredosis de insecticida provocó la desaparición de todos los ejemplares. Tras ese episodio, la Federación Cinológica Internacional y la Confederación Brasileña de Cinofilia declararon la raza extinta.

Recuperación

Después de su desaparición, se iniciaron esfuerzos orientados a recrear la raza. En la documentación cinológica actual sigue constando su reconocimiento definitivo, con un estándar vigente fechado el 4 de septiembre de 2019.

Clasificación

El Rastreador Brasileño pertenece al grupo 6 de la FCI. Dentro de esta clasificación se sitúa en la sección de perros tipo sabueso o perros de caza y, de forma más concreta, en la subsección de perros de tamaño grande. Según su clasificación oficial, no se requiere prueba de trabajo.

Peluquería del Rastreador Brasileño: baño y cepillado

El Rastreador Brasileño necesita una higiene básica adaptada a su función como sabueso de trabajo y a su tamaño. El baño debe hacerse cuando realmente lo necesite para evitar eliminar en exceso la protección natural de la piel y del manto, mientras que el cepillado regular ayuda a retirar suciedad, pelo muerto y restos acumulados tras la actividad en exteriores. Esta rutina también permite revisar el estado general del pelaje y mantener al perro limpio y cuidado sin recurrir a una higiene excesiva.