El galgo español es una raza de perro española perteneciente a la familia de los lebreles, criada históricamente para la caza en campo abierto y especialmente vinculada a la persecución de liebres. Su físico ligero, estilizado y veloz, unido a una tradición muy antigua en la península ibérica, lo ha convertido en uno de los perros de caza más característicos de España. Aunque hoy también se utiliza como animal de compañía y en carreras, su historia está profundamente ligada al mundo cinegético y al paisaje abierto de la Meseta.

Origen

El galgo español es una raza originaria de España. En la clasificación de la FCI pertenece al grupo 10, correspondiente a los galgos, dentro de la sección de galgos de pelo corto. Su reconocimiento definitivo figura con fecha de 10 de agosto de 1971, y el estándar vigente indicado corresponde al 26 de mayo de 1982. Según la nomenclatura de la FCI, no se requiere prueba de trabajo para esta raza.

Suele hablarse de su relación con representaciones caninas del arte egipcio, y se considera probable que entre sus principales antepasados estuvieran los perros faraónicos egipcios, al igual que ocurrió con el podenco. También se menciona como posible antepasado al Vertades romano. En cualquier caso, las primeras referencias escritas al galgo ibérico aparecen ya en el siglo II a. C., en el tratado Cynegeticus de Arriano de Nicodemia, cónsul de la Bética.

Historia

La descripción que Arriano hace de la caza de la liebre con galgos en Hispania resulta muy similar a la práctica tradicional que ha llegado hasta tiempos recientes en España. Además, distingue entre galgos de pelo liso y de pelo duro, una variante esta última hoy muy poco frecuente en el país, aunque apreciada en otras zonas de Europa.

No es fácil precisar qué ocurrió con la raza durante los primeros siglos de la Edad Media, pero sí queda claro que logró sobrevivir y más adelante floreció con fuerza. En los siglos IX y X, la colonización de amplias áreas de León y Castilla, en el contexto de la Reconquista, favoreció la expansión de grandes superficies de baldíos y barbechos, lo que incrementó las piezas de caza y consolidó la tradición de las carreras de liebres con galgos.

El aprecio que despertaba esta raza en la Edad Media queda reflejado en numerosos textos legales que sancionaban su robo o su daño, como el Fuero de Salamanca, el de Cuenca, el de Zorita de los Canes, los Fueros de Molina de Aragón y el Fuero de Usagre. También aparece documentado en una escritura de 1081 del Cartulario de Eslonza, lo que revela el valor que se le atribuía.

En el siglo XII, las pinturas murales de la ermita de San Baudelio de Berlanga, en Soria, muestran una escena de caza de liebre con tres galgos de rasgos muy próximos a los actuales. Más adelante, durante el Renacimiento, Martínez del Espinar lo sitúa ya como un perro consolidado en la Meseta Central, especialmente adaptado a las zonas llanas donde el sabueso no podía competir en igualdad de condiciones.

Presencia cultural

El galgo español ha dejado una huella profunda en la cultura popular y en la literatura. Su presencia no se limita a tratados de caza, sino que aparece también en refranes, expresiones y obras literarias. Una de las referencias más conocidas es la de la primera frase de El Quijote, donde se menciona “galgo corredor”.

La lengua popular también ha conservado numerosas expresiones relacionadas con este perro, como “de casta le viene al galgo”, “A galgo viejo, echadle liebre, no conejo”, “Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve” o “cuando menos se piensa salta la liebre”. Todas ellas muestran hasta qué punto el galgo formó parte del imaginario cotidiano y del lenguaje común en España.

Evolución de la raza

Las denominaciones de “galgo” y “lebrel” han terminado asentándose como sinónimos, aunque no siempre significaron exactamente lo mismo. La documentación medieval y bajomedieval muestra que el lebrel del siglo XIV tenía una morfología distinta en algunos aspectos, con tamaño medio, cabeza bastante gruesa y alargada, barriga voluminosa e ijadas poderosas. Con el paso del tiempo, ambos términos acabaron usándose de forma indistinta.

Durante los siglos XVIII y XIX la raza mantuvo su función tradicional como perro rápido de caza. Sin embargo, a comienzos del siglo XX sufrió un mestizaje masivo con el galgo inglés, más veloz, impulsado por el deseo de obtener ejemplares más rápidos para competir en canódromos. Esta situación puso en peligro la pureza del galgo español, aunque finalmente la raza pudo reconducirse gracias a los ejemplares puros conservados por criadores y cazadores.

Pese a su antigüedad y a su relevancia histórica, el galgo español fue reconocido tarde por las asociaciones caninas. Según la información aportada, esta tardanza estuvo relacionada en parte con una visión muy influida por el mundo anglosajón, donde el galgo inglés ocupaba una posición de mayor visibilidad.

Aspecto general

El galgo español presenta un físico ligero y estilizado, con patas largas y un pecho voluminoso. Esa conformación le permite alcanzar grandes velocidades, algo coherente con su función tradicional como perro de persecución en terreno abierto.

La altura a la cruz suele situarse entre 62 y 70 cm en los machos y entre 60 y 68 cm en las hembras. Se trata, por tanto, de una raza de talla considerable, pero marcada más por la ligereza y la longitud de sus líneas que por la masa corporal.

Pelaje y colores

La capa más típica es de pelo corto, liso y muy fino. No obstante, también existe una variedad de pelo duro, con un manto áspero y largo distribuido de manera uniforme por el cuerpo, acompañado de bigotes y de un pelaje más abundante.

Entre los colores más típicos se citan el barcino o atigrado, el negro, el barquillo, el tostado, el canela, el amarillo, el rojo, el blanco, el berrendo y el pío. La existencia histórica de variedades de pelo liso y de pelo duro ya aparece mencionada en referencias antiguas.

Peluquería del galgo español: baño y cepillado

El galgo español presenta habitualmente una capa de pelo corto, liso y muy fino, aunque también existe una variedad de pelo duro con un pelaje áspero y más largo, repartido de manera uniforme por todo el cuerpo, con bigotes y mayor abundancia de pelo. Por esa diferencia, el cuidado del manto no es exactamente igual en todos los ejemplares, pero en ambos casos el baño y el cepillado deben adaptarse al tipo de pelo que presente cada perro.

Función tradicional

En España, el galgo fue utilizado tanto para la caza mayor en monterías como para la caza de la liebre en campo abierto. En este último tipo de caza, el perro perseguía la pieza sin intervención directa del hombre una vez iniciada la carrera. Con el tiempo, esta modalidad adquirió un carácter deportivo, aunque en el pasado también tuvo un fuerte componente de prestigio social.

Las particulares condiciones del territorio español favorecieron su uso en un gran número de modalidades cinegéticas y deportivas. Según la información aportada, es probable que España sea el país donde el galgo se ha utilizado en mayor variedad de contextos de caza y competición.

Situación contemporánea

En la actualidad, además de su uso tradicional, el galgo español también se emplea como animal de compañía y en carreras. Sin embargo, la realidad moderna de la raza también está marcada por el abandono de muchos ejemplares. Ese problema ha impulsado campañas de adopción y una creciente implicación de organizaciones de protección animal.

También se indica que las carreras de galgos están prohibidas en varias comunidades autónomas españolas al considerarse un acto de crueldad hacia los animales. A pesar de estas tensiones, la raza ha entrado en el siglo XXI en un contexto de mayor aprecio y de una conciencia más clara sobre su valor histórico, cultural y cinegético dentro de España.