El fila brasileiro es una raza de origen brasileño, reconocida internacionalmente por la FCI como un molosoide de tipo dogo. Se trata de un perro de estructura poderosa, cuerpo rectangular y compacto, pero al mismo tiempo armónico y bien proporcionado. A esa constitución sólida se suma una agilidad notable, rasgo que forma parte de su identidad racial. A lo largo de su historia ha destacado por su fidelidad al dueño, su fuerte instinto de protección y su gran cautela frente a los extraños.

Origen

El fila brasileiro es una raza originaria de Brasil. En la clasificación de la FCI pertenece al grupo 2, dentro de la sección de los molosoides y la subsección de tipo dogo. Su reconocimiento definitivo figura con fecha de 1 de enero de 1960 y el estándar vigente indicado corresponde al 29 de septiembre de 2016. Según esa clasificación, no se requiere prueba de trabajo para la raza.

Sobre su origen existen distintas teorías, pero no hay consenso definitivo. Una de ellas sostiene que la raza se formó a partir del cruce entre mastín inglés, antiguo bulldog y perro de San Hubert. Otra la relaciona con el mastín español y con otras grandes razas portuguesas, como el perro de Castro Laboreiro y el extinto perro alano portugués. Precisamente por la falta de acuerdo entre criadores e historiadores, el estándar oficial omite una versión cerrada sobre el surgimiento de la raza.

La propia palabra “fila” en portugués se asocia a la idea de mantener, sostener o agarrar. De ahí expresiones como “cão de fila” o “cão de filar”, vinculadas a perros de presa o de caza.

Historia

Desde los primeros tiempos de la colonización de Brasil, el fila acompañó a los colonizadores y desempeñó funciones de protección. Fue utilizado para resguardar comitivas de ataques y también en tareas duras del medio rural. Su presencia histórica se asocia a los bandeirantes y a las rutas de los troperos, que transportaban mercancías desde el interior hacia la costa.

Esa relación con los troperos explica que la raza tuviera mayor presencia en regiones del centro-oeste y del sudeste brasileño, sobre todo en Minas Gerais y Mato Grosso. Aun así, también hay constancia de su presencia en el nordeste desde comienzos del siglo XIX. Los grabados del príncipe Maximilian zu Wied-Neuwied muestran perros de gran tamaño y formato corporal rectangular ayudando a vaqueros en la persecución de reses y en acciones contra jaguares. En ese tiempo también recibían nombres como “cabezudos”, “onceiros” o “boiaderos”.

Entre las décadas de 1930 y 1940 comenzaron a aparecer en exposiciones caninas ejemplares entonces conocidos como “fila nacional”. Benedicto Faria de Camargo fue el primero en intentar exponerlos, mientras que el Dr. Paulo Santos Cruz, considerado el principal impulsor de la raza, redactó el primer estándar, que entró en vigor en 1954. El fila brasileiro fue además la primera raza brasileña reconocida internacionalmente por la FCI.

Desarrollo de la raza y controversias

La historia moderna del fila brasileiro está marcada por diferencias entre líneas de cría y por debates intensos sobre su tipicidad. En Brasil la raza quedó registrada por dos clubes independientes, la CBKC y el CAFIB, con estándares muy diferentes. El CAFIB sostiene que muchos perros registrados por el club afiliado a la FCI incorporaron rasgos de otras razas introducidas sobre todo entre las décadas de 1970 y 1980.

Durante ese periodo de gran popularidad, varios criadores brasileños y extranjeros realizaron cruces con dogo alemán, mastín inglés y otros molosoides. Según la información aportada, estos cruces dieron lugar a perros con características distintas a las del fila original. También se señala que ciertas líneas produjeron ejemplares con exceso de pliegues y menor funcionalidad para el trabajo de campo.

En ese mismo contexto surgió otra controversia relacionada con un posible mestizaje y con el registro de perros probablemente no puros como filas. Ese conflicto habría favorecido la separación entre criadores y la creación del CAFIB, uno de cuyos fundadores fue el propio Paulo Santos Cruz. Desde entonces, ambos sectores han mantenido criterios distintos sobre cuál es el verdadero tipo racial.

También existen diferencias de criterio sobre el color negro. Según la información proporcionada, en los perros originales no existía este color y su aparición se relaciona con la incorporación de genes del dogo alemán. El CAFIB no acepta ejemplares negros, mientras que la FCI sí los admite. Además, se mencionan divergencias en la forma de la cabeza y de las caderas entre unas líneas y otras.

Aspecto general

El fila brasileiro es una raza típicamente molosoide de tipo dogo. Presenta una estructura ósea poderosa y un conjunto rectangular y compacto, sin perder armonía ni proporción. Su gran masa corporal no impide que muestre una agilidad concentrada y claramente perceptible.

Las hembras deben mostrar una femineidad bien visible que permita distinguirlas con claridad de los machos. Esa diferencia forma parte del tipo racial descrito para la raza.

Peluquería del fila brasileiro: baño y cepillado

El fila brasileiro tiene el pelaje corto, liso y pegado al cuerpo, por lo que el mantenimiento del manto es sencillo. El cepillado semanal suele ser suficiente para retirar pelo suelto y mantener la piel y el pelo en buen estado, mientras que el baño debe hacerse cuando esté realmente sucio o de forma ocasional, usando un champú suave para perros. También conviene revisar con regularidad las orejas y la higiene general, ya que se trata de una raza de cuidado básico en el apartado del pelaje.

Temperamento

El fila brasileiro es conocido por su fidelidad extrema al dueño, a la familia y a las personas de su entorno cercano. Esa devoción dio lugar en Brasil al dicho popular “fiel como un fila”, que resume una de las características más asociadas a la raza.

Junto a esa lealtad, también destaca por su fuerte instinto de protección, su cautela frente a los extraños y la rapidez con la que actúa para defender a su amo. En algunos contextos también se menciona su agresividad. Durante las décadas de 1970 y 1980, el temperamento de la raza fue objeto de discusión entre criadores, especialmente en relación con la dureza de su reacción frente a desconocidos.

En ese proceso se modificó incluso la redacción del estándar oficial, sustituyendo la palabra “ojeriza” por “aversión” dentro de la expresión “posee aversión a extraños”. La polémica no desapareció, ya que algunos criadores defendían un temperamento de guardia más duro, mientras que otros preferían una respuesta más controlada, capaz de distinguir entre una invasión y una visita acompañada por el dueño.

Funciones tradicionales

A lo largo de su historia, el fila brasileiro fue un perro de trabajo estrechamente ligado al campo y a la protección. Protegió comitivas, acompañó a ganaderos y troperos y actuó frente a grandes amenazas del entorno. La documentación histórica lo muestra incluso participando en acciones contra jaguares.

Su uso tradicional ayuda a entender su carácter, su firmeza y su capacidad de respuesta. No se trata solo de un perro guardián en sentido moderno, sino de una raza moldeada durante siglos por tareas exigentes en un territorio extenso y duro.

Reconocimiento y situación de la raza

El fila brasileiro alcanzó uno de sus momentos de mayor expansión en las décadas de 1970 y 1980, cuando figuró entre las razas con más registros. Esa popularidad coincidió, sin embargo, con buena parte de las polémicas sobre el estándar, el temperamento y la pureza racial.

A pesar de esas disputas, la raza mantiene una identidad muy marcada. Sigue siendo reconocida como un perro poderoso, leal, protector y profundamente ligado a la historia rural y social de Brasil.